OPINIÓN A DEBATE Los ingenieros no somos científicos

Con motivo de la crisis que padecemos los españoles se han publicado numerosos estudios y artículos como por ejemplo “Estudiar Ciencias ya no seduce” y “Ya no solo inventan ellos” que siguen la costumbre, arraigada en España, de no distinguir entre técnicos y científicos. Por ello, no está de más decir que los ingenieros, aunque debemos tener una buena formación en algunas áreas que se pueden denominar científicas como por ejemplo las Matemáticas y la Física, no somos científicos y el papel que debemos desempeñar en la sociedad es diferente, aunque haya muchos que no lo distingan.

Para comprender bien la diferencia entre un ingeniero y un científico es necesario echar una ojeada a la investigación y el desarrollo conocidos como I+D. La I+D tiene dos facetas que, aunque a veces se solapan, se diferencian claramente una de la otra. La I es la actividad investigadora que puede ser básica o aplicada. La primera es la principal actividad de los científicos, busca el avance del conocimiento y no necesariamente debe llegar a tener efectos prácticos mediante la comercialización de productos. La investigación aplicada está más orientada, como su nombre indica, a buscar la aplicación práctica, aunque a medio y no acorto plazo, y es una actividad en la que pueden colaborar los científicos y los ingenieros, para lograr que los productos que se consigan tengan en cuenta las exigencias tanto científicas como tecnológicas.

Por otra parte la D es la actividad de desarrollo tecnológico, que tiene como objetivo conseguir nuevos productos a corto plazo y debe ser la principal tarea de la mayoría de los ingenieros. Para garantizar el éxito, exige conocimientos muy alejados de la Ciencia, que tienen que ver con la normalización de los procedimientos, la fiabilidad de los sistemas y el rendimiento de los procesos productivos, entre otros. De todo ello se deduce que, tanto la investigación científica como el desarrollo tecnológico, son actividades importantes y necesarias, pero para impulsarlas hay que aplicar medidas diferentes. Además, los países necesitan, en general, muchos más ingenieros que científicos, en especial si, como en el caso de España, su productividad es pequeña y su balanza de pagos deficitaria, como resultado de la falta de un número suficiente de empresas españolas que saquen al mercado productos con tecnología propia.

España se equivocó al permitir que los ingenieros se convirtiesen en una élite que se dedicó, en general, a comprar los productos desarrollados por otros. Durante mucho tiempo los ingenieros españoles fueron más valorados por su posición social y sus ingresos económicos que por su actividad como profesionales de la Tecnología. En España se graduaron muy pocos ingenieros desde mediados del siglo XIX hasta bien entrado el siglo XX, y el resultado de ello es que hoy el número de empresas que basan su estrategia en el desarrollo de nuevos productos es claramente insuficiente. Eso explica por qué somos el noveno país del mundo en producción científica y el 42º, por delante de Barbados, en competitividad. Nuestras centrales hidroeléctricas son inglesas o suizas, nuestras centrales nucleares son francesas y si alguien se da una vuelta por cualquier hospital lo tiene muy difícil para encontrar algún equipo desarrollado en España. Por eso, como muy bien dijo Pedro Duque, una buena idea para mejorar España es premiar a las instituciones y empresas que pongan productos o servicios exportables en el mercado. Solo así se cambiará nuestro modelo productivo.

Aunque pueda haber ingenieros que trabajen en la frontera con la Ciencia, la mayoría de los ingenieros debemos mirar al mercado y pensar siempre en la utilidad de lo que hacemos porque, en caso contrario, no cumplimos con la misión que nuestra profesión exige. Aunque es cierto que ya no solo inventan ellos sí que lo es que, en general, solo desarrollan ellos y que en nuestro sistema de Ciencia y Tecnología son insuficientes, hasta el momento, las medidas diferenciadas para impulsar una y otra. Buena muestra de ello es que, al evaluar la labor de los profesores de ingeniería, se valora mucho más a los que publican artículos en revistas anglosajonas de primer nivel (tipo A) que a los que registran modelos de utilidad, desarrollan los prototipos y ponen en marcha las líneas de producción que dan como resultado la comercialización de nuevos productos.

En España, además, se utiliza muy mal la palabra Innovación (i) porque se coloca al lado de la I+D como si fuese una actividad cuando realmente no lo es. La Innovación es el resultado del desarrollo tecnológico que tiene éxito en el mercado, es decir que da lugar a un producto que se comercializa y lo compran muchos usuarios. Y sin éxito en el mercado no hay Innovación por mucho desarrollo tecnológico que se haga. Lo peor es que, según se dice, a los que cortan el bacalao en España les han inoculado un virus que hace que las personas se convenzan de que sin Ciencia no hay Innovación. ¿Será por eso por lo que se graduaron en España un número claramente insuficiente de ingenieros en los primeros 70 años del siglo XX? ¿Será también por eso por lo que la Semana que empezó llamándose de la “Ciencia y la Tecnología” se llama hoy “Semana de la Ciencia”?. Desde que me enteré que entre los países que vamos camino de Bolonia con un grado de cuatro años en ingeniería solo estamos Turquía, Bulgaria, Escocia y España tengo una duda existencial. ¿No será debido a nuestro desprecio secular por la Tecnología?. Si como me temo eso es así, los españoles podemos estar seguros de que no cambiaremos de modelo productivo aunque lo prometa el presidente del gobierno o el jefe del principal partido de la oposición. Debe ser también por eso por lo que alguno dijo que para salir de la crisis los españoles tenemos que trabajar más y ganar menos. Habría que preguntárselo.

A una mente preclara le oí decir hace unos años que España no necesitaba muchos ingenieros. Hoy en día otros dicen en voz baja, porque no se atreven a decirlo en público, que los ingenieros y los científicos pertenecemos a la misma especie y, con todos los respetos para el que lo dice, se nota que no ha participado en el desarrollo de ningún producto en su vida profesional, que no tiene claro que el desarrollo tecnológico es condición imprescindible para alcanzar la Innovación y que se puede hacer mucho desarrollo tecnológico sin haber hecho antes investigación científica.

Leyendo alguno de los libros publicados sobre historia de la Técnica se ve claramente que los países que están en el siglo XXI a la cabeza del mundo en Economía, y cuyo paro no supera en la actualidad el 10%, desarrollaron productos durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, cuando el conocimiento científico era muy incipiente, y fue con el dinero que ganaron con dicho desarrollo y al darse cuenta de que el rendimiento que obtenían era insuficiente, cuando dedicaron parte de las ganancias a impulsar la investigación científica y no al revés. Los países que desarrollan y venden productos con tecnología propia, como por ejemplo Holanda, no tienen los problemas que tenemos los españoles.

A algunos nos gustaría oír bien alto de la boca de algún político, para poder votarlo, que sin desarrollo tecnológico no se puede alcanzar la Innovación por mucha Ciencia que se posea. A los ingenieros españoles, sobre todo a los que trabajan en la Universidad, hay que decirles bien claro “Señores mas prototipos y menos artículos” y que eso se refleje en la valoración de su curriculum. Cabe preguntarse ¿Por qué será que los americanos escriben tantos libros técnicos en colaboración entre profesores dedicados en exclusiva a la Universidad y técnicos de la industria que colaboran en las tareas docentes y los españoles no? Seguramente debe ser porque los americanos son tontos y porque los españoles, que por el contrario somos muy listos, tenemos muy claro que eso no tiene nada que ver con la calidad del proceso de formación de los ingenieros y con la necesidad de promover el uso del español. A veces me pregunto si no será también por eso por lo que los españoles decimos requerimiento en lugar de requisito, puzzle en lugar de rompecabezas, librería en lugar de biblioteca, fútbol en lugar de balompié, casting en lugar de prueba de selección, reporte en lugar de informe y por lo que los hispanos en E.E.U.U. vacunan la carpeta en lugar de limpiarla alfombra. Como total el uso correcto del español no tiene valor económico alguno, no es necesario que los españoles nos preocupemos mucho de él y podemos abusar de los anglicismos sin ningún problema para que después la Real Academia Española los ponga en el diccionario y todos contentos.

Alguien debe explicarles también a los ingenieros jóvenes que la tesis doctoral no es para ellos un objetivo a corto plazo sino a medio y largo plazo. La actual política pública de I+D no distingue adecuadamente entre Ciencia y Tecnología y no tiene en cuenta que la tesis doctoral en ingeniería no se puede iniciar nada más terminada la carrera, porque solo es posible realizar una investigación aplicada de calidad cuando, después de practicar durante varios años los métodos existentes para diseñar productos y procesos, se alcanza la madurez que permite ser capaz de crear un nuevo método, una nueva variante de uno ya existente o la manera de aplicarlo en una determinada situación. Además tampoco tiene en cuenta que para ser capaz de hacer desarrollo tecnológico no es imprescindible ser doctor y que el hecho de serlo no garantiza la capacidad tecnológica. El sistema español de Ciencia y Tecnología no tiene en cuenta suficientemente, a través de sus programas de promoción de las vocaciones de tecnólogos, todo lo antedicho. A los jóvenes españoles hay que educarlos para que distingan entre Ciencia y Tecnología y que escojan la carrera teniendo en cuenta las diferencias entre ellas.

Aunque es cierto que la Ciencia avanza en España, para mejorar nuestra balanza de pagos, elevar nuestra productividad y evitar que esta crisis tan profunda en la que estamos inmersos los españoles no se repita, cuando logremos salir de ella, hay que hacer avanzar también la Tecnología. Solo así, se crearán empresas basadas en el conocimiento tecnológico, se mejorará el nivel de las ya existentes, se disminuirá el peso del ladrillo en nuestra Economía y se dispondrá de más recursos para impulsar a su vez la Ciencia.

 

Enrique Mandado Pérez

Catedrático de Tecnología Electrónica de la Universidad de Vigo

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