Los Libros Técnicos y su Papel en la Sociedad (I)

De la importancia que los libros técnicos tienen como indicador de la salud tecnológica de un país es un buen reflejo el congreso FIE (Frontiers in Education) de enseñanza de la ingeniería que se organiza anualmente en los Estados Unidos, en el que se conceden diversos galardones. Uno de esos galardones, que pone en evidencia la importancia que en USA se da a los que hacen investigación aplicada y desarrollo tecnológico y su relación con los libros técnicos, es el premio TERMAN que se concede anualmente a un ingeniero que no solo ha destacado por su actividad en algún área de la ingeniería sino que además ha volcado su experiencia en un libro. Probablemente muy pocos de los ingenieros europeos e iberoamericanos saben quien fue TERMAN, que en la década de 1950 escribió un gran libro de Instrumentación Electrónica con válvulas del que tengo un ejemplar en mi biblioteca, pero si digo que el premio está subvencionado por Hewlett Packard pueden adivinar que TERMAN fue el profesor que enseñó Electrónica a Hewlett y a Packard y guió sus primeros pasos para desarrollar, en el garaje de la casa de uno de ellos, un generador de sonidos para Walt Disney, que fue un producto tecnológico para cuyo desarrollo no fue necesario que hiciesen ninguna investigación científica y que lograron convertir en una innovación porque tuvo éxito en el mercado.

También en FIE se concede un premio a la mejor trayectoria en la enseñanza de la ingeniería y uno de los años en los que yo participé en el congreso se lo dieron al profesor Peatman al que algunos consideramos uno de los mejores autores de libros de Electrónica Digital y Microcontroladores en todo el mundo, lo que constituyó su principal labor profesional.

Por todo ello vale la pena reflexionar sobre los libros técnicos en los países de habla hispana y para hacerlo es necesario hablar  de Ciencia, de Tecnología, de Innovación, de la Universidad, de la ANECA y también del paro en España que, aunque nadie lo diga,  tiene mucho que ver con nuestras carencias tecnológicas.

Para empezar hay que decir que sobre los libros técnicos cabe hacerse varias preguntas:

–         ¿Serán tan importantes los libros técnicos para que los norteamericanos los valoren de la manera en que lo hacen? ¿Por qué no se valoran en España e incluso en Europa?

–         ¿Qué hay que hacer para que se publiquen libros técnicos? ¿Qué hacen los norteamericanos para publicar tantos libros técnicos buenos y por qué publican tantos malos?

–  ¿Qué papel juega la Universidad en todo ello? ¿Puede jugarlo la Universidad pública española?

–  ¿Qué papel juega el sistema español de Ciencia y Tecnología en la publicación de libros técnicos?

–   ¿Es posible lograr una formación técnica de calidad sin libros técnicos?

Responder a todas estas preguntas no es tarea fácil porque a todo lo que se refiere a conceptos y actividades difíciles de cuantificar, acaba por aplicársele el aforismo que dice que “En este mundo traidor nada es verdad ni mentira sino que es del color del cristal con que se mira”. Además se puede decir que en democracia se mira siempre, en general, con el cristal utilizado por la mayoría y si una opinión es minoritaria, por muy valiosa que sea, lo tiene  difícil para influir en la sociedad en la que se manifiesta porque cuando alguien defiende determinadas ideas en un entorno en el que el que le escucha sabe que su postura no está generalmente aceptada, se suele encontrar con la incomprensión. Que se lo digan a Schumpeter cuyas ideas sobre innovación no tuvieron casi aceptación entre sus coetáneos y que si hoy levantase la cabeza y viese de que forma se han deformado, valga la redundancia, sus ideas en España, no daría crédito.

Además, cuando el que escucha es desconfiado por naturaleza, como somos en general los gallegos, siempre piensa que cuando alguien manifiesta una idea con mucha vehemencia lo hace porque quiere arrimar el ascua a su sardina y hay una expresión gallega que expresa muy gráficamente esa actitud con tan solo tres palabras: ¡Xa será menos! le suele decir el gallego a su interlocutor.

Pero aunque es cierto que no existen muchas verdades absolutas y que las cosas en general no son blancas ni negras sino que son grises, no lo es menos que, como decimos también los gallegos con respecto a las meigas (brujas), “Haberlas hailas o que pasa e que non e doado atopar con elas”, es decir no es fácil encontrarlas. Y encontrarlas es importante porque esas verdades absolutas suelen ser condiciones absolutamente necesarias, valga también la redundancia, para lograr el objetivo que se pretende alcanzar al llevar a cabo cualquier actividad.

Por ello estimo que dar respuesta a las preguntas antes indicadas es importante para tener una imagen correcta de la realidad y encarar con ilusión el futuro, lo que no es fácil en los tiempos convulsos que nos ha tocado vivir. En sucesivos artículos trataremos de hacerlo.

 

 

Enrique Mandado Pérez

Catedrático de Tecnología Electrónica

de la Universidad de Vigo

Vicepresidente de la Asociación

para el Progreso de la Tecnología

de Galicia (APROTEGA)

 

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