LOS LIBROS TÉCNICOS Y SU PAPEL EN LA SOCIEDAD (III)

¿QUÉ HAY QUE HACER PARA PUBLICAR LIBROS TÉCNICOS?

La receta para lograr que se publiquen muchos libros técnicos es en principio muy fácil y no tiene secretos: Crear el clima necesario, es decir ¡VALORARLOS!

Está simple palabra es precisamente de esas que a un gallego, dado a no creerse algunas cosas, le puede hacer exclamar ¡Xa será menos!

Pero algunas verdades no son discutibles. En general los seres humanos, salvo algunos quijotes, solo hacemos aquello que socialmente se valora y cuya ejecución se incentiva y se puede decir que hay dos tipos de incentivos que, aunque están interrelacionados, se pueden analizar por separado.

 

Incentivos económicos

Los seres humanos tenemos una costumbre, que es al mismo tiempo una necesidad, mantenida a través de los innumerables años que llevamos habitando la tierra, como es la de comer todos los días. Por eso, y porque comer cuesta dinero, el incentivo económico tiene que ser tenido en cuenta para promover cualquier actividad y los libros técnicos no constituyen una excepción.

Como me decía mí compañero Bonín, un mallorquín catalán de adopción como yo, cuando antes de desarrollar un producto electrónico en la pequeña empresa que creamos entre tres técnicos discutíamos lo que le ibamos a cobrar al cliente: “Mandado tu no tienes muy claro que sin grasa no se puede mover nada en el mundo y la grasa de las personas es el dinero”. Y un poco de razón tenía.

Con respecto a eso puedo contar una anécdota que, a pesar de que han transcurrido mas de treinta años, conservo en esa parte de la memoria de larga duración en la que, de acuerdo con las teorías de Novak, todos los seres humanos guardamos aquellos hechos que han influido en nuestra visión del mundo y de la sociedad en la que nos ha tocado vivir.

A mediados de la década de 1970, durante la cual viví en Cataluña (y por eso, y porque tengo un libro traducido al catalán, además de tener un hijo catalán, puedo decir que soy mitad gallego y mitad catalán), fui con el fundador de la editorial con la que he trabajado a lo largo de estos años a dar una conferencia en Valladolid para presentar la segunda edición del libro de Electrónica Digital que había escrito y en el vuelo hablamos de muy diversas cosas, que naturalmente no recuerdo, pero una de ellas relacionada con el papel de la grasa al que antes aludí me quedo grabada para siempre. Sus palabras las tengo que escribir en catalán para que conserven ese sabor que le da su verdadero significado. Hablando de la importancia de los libros técnicos aludió a una entrevista que ese día iba a tener su hijo con el consejero de Educación del gobierno catalán y me dijo:

 

El meu fill avui va a dinar amb el conseller d’Educació  de la Generalitat que vol que fem un diccionari d’ Electrònica en català. I jo la li he dit farem el que vulguin però les pelas par davant”.

 

Creo que no hay que decir mucho más sobre el incentivo económico. Internet va a cambiar muchas cosas sobre la forma de aprender y de enseñar, eso creo que está muy claro, pero si se quiere que lo haga para bien sobre todo tecnológicamente hablando, hay que promover la edición de información técnica bien desarrollada y proteger adecuada-mente su propiedad intelectual. Igual que se vende un televisor se tiene que vender un buen sistema educativo. Y esa venta se puede hacer de muchas maneras. Eso lo tienen claro las Universidades americanas que fichan a buenos técnicos con capacidad docente y les pagan por escribir libros técnicos, al igual que, salvando las distancias, el Real Madrid le paga a Ronaldo por dar bien las patadas a un balón. Esas Universidades saben lo importante que es la imagen de marca y también saben que esos libros les ayudarán a conseguir que sus títulos sean valorados socialmente. La Universidad se queda con los derechos de propiedad intelectual y utiliza los libros para mejorar la calidad de su docencia y los gastos que le representa el fichaje y la retribución del que los hace los apunta a la cuenta de actividades de promoción. Es así como un autor puede olvidarse de los derechos de autor, valga la redundancia, y dedicar muchas horas a elaborar buenos libros técnicos.

 

Incentivos intelectuales o profesionales

La valoración de la actividad de los empleados de una empresa es algo de lo que depende la salud y por lo tanto el éxito de la misma.

Los técnicos que hemos trabajado en empresas privadas sabemos que tenemos que hacer aquello que la misma nos exige o buscarnos otra en la que nos podamos sentir más a gusto.

Si antes dije que para escribir un libro técnico que valga la pena es necesario tener experiencia profesional en la tecnología de que se trate no lo es menos que también hay que tener experiencia docente. La combinación de ambas lleva a ser capaz de desarrollar libros que presenten la información tecnológica de forma independiente de los fabricantes y utilizar los productos de estos como ejemplo de aquella. Hacerlo así es lo que provoca que escribir un libro técnico exija una cantidad de horas inconmensurable.

Por ello como los libros técnicos deben estar ligados, y de hecho lo están casi siempre, a los profesores que trabajamos en la Universidad, le dedico a ella un apartado posteriormente.

 

 

Enrique Mandado Pérez

Catedrático de Tecnología Electrónica

de la Universidad de Vigo

Vicepresidente de la Asociación

para el Progreso de la Tecnología

de Galicia (APROTEGA)

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